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lunes, junio 08, 2009

Érase una vez un pequeño planeta

(En 10 líneas, times new roman 12)

Érase una vez un pequeño planeta que sólo tenía un árbol. Un único arbolito. Sin embargo él, orgulloso, recorría su órbita sin complejos, fiel a sus principios y a las leyes de Kepler.
Un día, un enorme planeta viejo de atmósfera enrarecida, al cruzarse con nuestro amigo durante un eclipse común, se burló de su arbolito, pero fue ignorado con elegante desdén.
Indignado, el viejo gigante tronó con un fuerte terremoto, arrojándole una roca con aviesas intenciones. Éste, mediante un ágil movimiento rotacional, esquivó el asteroide descarriado y lo atrapó con una lazada de su campo gravitatorio, consiguiendo así ¡su primer satélite!
El viejo planeta, rojo de lava, rotó encolerizado, tratando de ocultar su vergüenza con densas nubes de azufre. Más tarde, en la intimidad de su solsticio de verano, la envidia lo erosionó y, en su corteza, volcanes de ira ígnea bramaron rabia tectónica.

miércoles, abril 22, 2009

Regreso

¡Pardiez! ¡Ya tuve suficiente agua a bordo! – mascullo, mientras me arrebujo en mi capa. Diluvia en Barcelona y los truenos reverberan en las vidrieras de Santa María. Apresurado, dejo atrás sus viejas murallas, sonriendo al recordar la maltrecha rosa que escondo bajo la camisa. Mis botas de cuero chapotean fugaces sobre las calles empedradas y no tardo en llegar a su tahona. Junto al portón entreabierto, que ya deja escapar, embriagador, el aroma del pan recién hecho, titubeo. ¡Seis meses bregando contra el mar embravecido y tiemblo ahora al pensar en una mujer! Aprieto los dientes, empujo el portón y la veo junto al horno. Ella me mira. Y sonríe. Y todos mis miedos, temores y fatigas se evaporan al calor de esa sonrisa.